Explicación económica y social de la situación del Jazz

¿Alguna vez te has preguntado cómo es que el jazz funciona bien en asistencia de público a un festival, o qué hace que se vendan más vinilos, o que las escuchas por streaming funcionen bien y sin embargo, el número de cierres de locales de jazz puede aumentar cada año?.

¿ Es mejor o peor la situación del jazz? No lo sé. Esta pregunta tan genérica no la podemos contestar sin entrar en el análisis tanto macro como microeconómico.

Este artículo no pretende exponer datos sobre el negocio de la música jazz sino dar una explicación de economía política de cómo puede afectar esta situación a sus distintas partes integrantes (propietarios capitalistas, músicos y demás trabajadores del sector y aficionados).

Tomemos para el caso las siguientes mercancías: por un lado discos vinilos y compactos, streaming y escuchas y descargas online y, por otro, conciertos en directo ya sea en locales o clubs de mayor o menor dimensión,ya sea en festivales. Las sociedades en las economías capitalistas se articulan en base a la búsqueda de rentabilidad (beneficio económico) por los capitalistas. Los músicos y resto de personas necesarias para conseguir el producto final (disco o concierto en vivo) tienen que vender su capacidad de trabajo artístico a cambio de una renta por bolo o un porcentaje del resultado de la venta del producto en el mercado. Los capitalistas pedirán a la banca comercial un crédito para invertir en la industria del jazz si con ello pueden conseguir una ganancia o rentabilidad económica. Esto significa que aunque el propietario del club de jazz, de la discográfica o de la plataforma streaming tenga buen gusto musical y aprecie el valor artístico del jazz, no son estos los motivos por los que invierte en la industria. El motivo es la ganancia económica. 

El caso de un festival de jazz subvencionado con cargo al presupuesto público no depende para su existencia de esa rentabilidad económica que cubra los costes, sino otros motivos: promover la cultura musical, el entretenimiento, el valor artístico etc. y, por este motivo, y por el hecho de que suelen traer a músicos de jazz “estrellas” que atraen a más aficionados, es por lo que la afición acude al evento y se agotan las entradas “en seguida”. El presupuesto público es un agregado de muchas partidas económicas y un Estado puede decidir ser deficitario en algunas de ellas porque los motivos son sociales, como ocurre con la sanidad o la educación.
En los casos de producción de discos y conciertos en vivo en locales privados el mecanismo funciona de la siguiente forma (lo simplificaré a los trabajadores músicos pero es aplicable también al resto de trabajadores necesarios para crear el producto final).El propietario capitalista extrae valor del trabajo de los músicos (el trabajo es la única fuente generadora de valor, el que moviliza y hace posible que el disco y el concierto se realice) y necesita acudir al mercado para convertir ese valor extraído en valor de cambio. El empresario o propietario da una parte en renta por bolo o en el porcentaje que determine de ventas al trabajador músico por el valor que genera para cubrir sus costes y, el resto de valor (plusvalor) que exceda de lo que tendría que trabajar para cubrir sus costes será lo que el empresario convierta en beneficio, renta del capital, que se quedará el propietario.
Por tanto el músico dependerá de que el propietario capitalista de la discográfica o del club o de cualquier medio de producción de discos y conciertos, pueda extraerle valor realizable de manera rentable a través de los precios competitivos en el mercado de la música.
Una explicación causal de que los festivales y salas de jazz abran su abanico a músicos que no tocan jazz es porque estos van a garantizar más beneficio al propietario y ello evitará que el club cierre. En el mismo sentido las salas de jazz venden comidas y bebidas para su mantenimiento.
Ser músico de jazz hoy día y en España en particular es ser un superviviente. Muchos de ellos tienen que trabajar como profesores para tener otra fuente de ingresos o haciendo otro tipo de bolos como es el caso de un joven trompetista que conocí que fue acompañante musical  en algún concierto de Bertín Osborne.
En el jazz, a mi juicio, además se da la circunstancia de que no es un arte que se pueda organizar en espectáculos de masas como en el caso del rock, con visos de preservar su belleza artística ; su consumo por tanto tiene unos límites más estrechos. Las big bands ya no dominan la escena jazzística y la puesta en escena en trio, cuarteto o pequeña banda requiere de un contacto más intimo con el público. Y si la afición no puede acudir a eventos de jazz en estadios de fútbol la rentabilidad será menor y eso hará que el músico cobre menos, porque este tendrá que remunerar al capitalista para que éste continúe obteniendo el beneficio que le permita seguir extrayendo valor al músico de manera rentable.
En USA llevan muchos años denunciando que los músicos no reciben pensión ni protección social alguna. En una revista musical digital se decía que “Los músicos de jazz ancianos están viviendo en la pobrezaLos clubes de jazz de Nueva York se niegan a contribuir a las pensiones que permitirían a los músicos un retiro digno”.
Las plataformas streaming se han desarrollado con la evolución del tipo de consumo de masas de la sociedad capitalista. Consiste en pagar una cuota por escuchar la música. El aficionado nunca llega a ser propietario de los discos que escucha, aquí lo que prevalece es la facilidad de acceso a una gran gama de discos con un solo click. Esto, sin duda, ha ido cambiando la forma de disfrute musical en el aficionado, aunque todavía quedan muchos aficionados coleccionistas de discos. El motivo beneficio está ahí  y para la propietaria de la plataforma streaming supone pingües beneficios en el mercado global online, cosa muy diferente para el trabajador músico. Este sistema streaming puedo aventurarme a decir que no goza de buen predicamento entre los músicos en general. Hace poco el cantante Manolo García ha definido en una entrevista como “piratas con parche en el ojo y pata de palo” a plataformas como Spotify, Youtube o Apple, y reconoce que “si pudiese retiraría su música de todas ellas”.

Una ley general del capitalismo es la tasa decreciente de ganancia a nivel agregado, a la cual nos vemos abocados mientras continuemos dentro de este marco. A mi juicio los músicos podrán vivir de ello y los aficionados disfrutar de sus creaciones si este arte se considera democráticamente una necesidad social y se abandona la ley del valor capitalista como motor de la acumulación.

Y esto no solo ocurre con la música sino con cualquier necesidad  que elijamos satisfacer los humanos como sociedad que somos (alimento, vivienda, educación, sanidad, transporte, etc). Depende de nuestra voluntad proveernos de ellas de manera escalar y coordinada.


E. Moreno

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