Anécdotas de jazz

“La baronesa Pannonica de Koenigswarter-Rothschild era conocida en la prensa de New York como la baronesa del jazz. Los músicos de los que se hacía amiga la llamaban Nica. Su apartamento en el hotel Stanhope de Manhattan se convirtió en un garito para muchos instrumentistas de jazz, especialmente para Thelonious Monk y Charlie Parker. La baronesa dió protección y cuidados a Charlie Parker en los últimos momentos de su enfermedad.

Hampton Hawes describe un viaje con la baronesa en su Bentley: Miles (Davis) iba de un lado para otro en su elegante Mercedes-Benz. Monk, su esposa, Nica y yo conducíamos por la septima avenida para abajo en el Bentley a las 3 ó 4 de la mañana, Monk se sentía bien.

Miles tirando de su Mercedes llamó por la ventanilla del Bentley con su pequeña voz ronca por una operación de garganta,

¿una carrera?,

Nica asintió mientras girándose hacia nosotros con su puritano tono británico decía: “esta vez creo que voy a ganar al hijoputa”.”

 

“Cuando Paul Chambers fue miembro del quinteto de Miles Davis, le llevó a una jam session a la ciudad en la que se crió, Detroit. En esa sesión Miles se quedó impresionado por el joven trombonista Curtis Fuller. Le dijo: “cuando quieras venir a mi banda dímelo”.

Curtis estaba emocionado, arregló sus asuntos de Detroit, hizo el equipaje y se marchó a New York, donde Miles aparecía por el Café Bohemia en Greenwich Village. Curtis llegó al club llevando su trombón y una maleta. Le pidió a alguien que avisara a Paul Chambers cuando la banda terminara su set.

Paul le saludó amablemente y fue a la parte de atrás a avisar a Miles, que estaba sentado en una mesa cerca del escenario, discutiendo con una amiga. Paul esperó a una pausa en la discusión y captó la atención de Miles.

“Curtis Fuller está fuera”, le dijo.

“¡Que se joda Curtis Fuller!”, dijo Miles y volvió a su discusión.

Curtis no se unió a la banda, pero se quedó en New York encontrando otro empleo sin mucha dificultad. Miles estaba en lo cierto sobre su talento, aunque no le contratara.”


Traducción: E.Moreno

Extracto del libro “Jazz anecdotes” de Bill Crow

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