Jorge Pardo, Niño Josele trío.

Corría el año 2007 cuando el Círculo de Bellas Artes de Madrid hizo una decidida apuesta por el Jazz y la presente edición ya es la duodécima. Una trayectoria que evidencia que las buenas intenciones pueden convertirse en grandes obras que alcancen una calidad superlativa y, sobre todo, repletas de honestidad y respeto hacia los músicos y su público.

El pasado viernes pudimos disfrutar del trío conformado por Jorge Pardo a la flauta, Niño Josele a la guitarra y su hijo José Heredia al piano.

Cualquier calificativo para describir esta sesión se queda corto. Música con mayúsculas a la que quien intente poner una etiqueta de estilo errará porque es inclasificable y única. Tanto si te gusta el flamenco como si no te enamora lo que hacen.

Jorge Pardo, sentado en un taburete alto juega con los techos armónicos de las notas como un delfín juega a sumergirse en el agua. Hay una forma auténticamente personal de hacer música y de tocar la flauta y se llama Jorge Pardo.

jorge y niño 2

El Niño Josele arranca la nobleza entera de la guitarra con una facilidad apabullante. Inmediatamente se da uno cuenta de que la perfección no tiene porqué ser inhumana.

Jorge palmea y apuñea la mesa camilla cerca del micro que tiene a su lado para pulsar la rítmica de Niño Josele. Acto seguido solo ante el público Jorge Pardo hace seguidillas aprendidas de Camarón ” y ya veré como remato”. Improvisación de maestro.

No desmerece en absoluto, más bien al contrario, añade unos toques muy bonitos y diestros al piano el jovencísimo José Heredia. Por lo que se ve en casa de herrero cuchillo de hierro. Sorprende lo bien que se maneja teniendo la difícil faena de acompañar a dos virtuosos de sus instrumentos. El nivel es elevadísimo y el joven pianista se desenvuelve y hace solos que sabe adornar con agrado. Consigue dar un sabor a especia de jazz al guiso musical del trío.

Continúan aderezando con pizcas de  Chick Corea y Paco de Lucía antes de que el Niño se quede solo ante el peligro. Uno piensa que ya se ha llegado al clímax de la sesión y se equivoca al escuchar el solo de Niño. Niño hace llorar y cantar a la guitarra como una prolongación de su cuerpo.  Impresionante control del instrumento y del sentimiento.

A continuación pasan a un dúo guitarra- piano y finalizan con una compenetración entre Jorge y Niño que deja fuera de dudas de que se conocen muy bien musical y personalmente, se alegran de tocar juntos y de que la sincronización es plena y exitosa.

Clamorosa ovación del público y turno de bis que rematan con humor.

Músicos que logran un acto comunicativo con el público de tu a tu con sinceridad y  un buen hacer con maestría,  sin arrogancias, que se agradecen en los tiempos que corren.


E. Moreno

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