Cuento de La Liga mundial de jazz


22 de Diciembre, suena “The nutcracker suite” de Duke y, como viene siendo habitual desde hace cuatro años, cada fin de semana Yeray se conecta a su ordenador para jugar online a la “La Liga mundial de Jazz”, el famoso juego de más de doscientos millones de jugadores.
Pero este fin de semana no es otro fin de semana cualquiera. Esta vez el joven Yeray, de 20 años de edad, tiene el presentimiento de que su vida dará un giro radical. Es la gran final y los productores del juego concederán  al ganador un premio de 1.200.000 yenes.

-“Este año no se me escapará”, piensa mientras calcula mentalmente que tocará a 2.500 € tras repartir con sus amigos.

El año pasado quedaron en un digno segundo puesto, porque su amigo Brian fue menos preciso en el “walking” de su contrabajo que los ganadores de “La Liga mundial de Jazz 2018”.

-“Todos somos igual de responsables Brian, somos un equipo” fueron las palabras de consolación que Yeray le dedicó a su amigo.  La pantalla no engaña y detalló los apartados puntuables: coordinación de grupo, melodía, ritmo, capacidad de improvisación y swing. Habían obtenido dieces en todos los apartados excepto en la sección rítmica que calificaron con un simple 9.

Aunque pudiera parecer un gran logro no había premio en metálico para segundones. Y Yeray necesitaba el dinero, quería comprarse un saxo tenor Selmer  en acabado dorado.
El saxo alto Yamaha, que le habían comprado de segunda mano sus padres cuando era adolescente, ya no daba más de si. Y quería hacer la transición al tenor, eran palabras mayores para un chico de 20 años.

Yeray se levanta cada día muy temprano, para ayudar a sus padres en la pastelería de San Bartolomé, en la isla de Lanzarote, últimamente están a tope de trabajo preparando dulces navideños y roscones de Reyes.

-“Hay que aprovechar la demanda estacional” , piensa mientras da forma a la masa del roscón.

Desde que Yeray desayuna hasta que sus padres abren el establecimiento aprovecha 45 minutos para practicar como solista con su avatar en la “Liga de Jazz”, juego de moda entre chavales de su generación.  La multimillonaria productora japonesa Toshiko, especializada solo en videojuegos del sector de temática jazz,  tomó el nombre de la genial compositora y pianista Toshiko Akiyoshi.

Solo se puede entrenar como solista en la “Liga mundial de Jazz” y así conseguir puntos que intercambiar por instrumentos de mejor calidad para utilizar en la liga.
Pero la liga sólo se juega por bandas de jazz, en riguroso directo mundial, de un solo intento, no hay más oportunidades.

Yeray es admirador de Kike Perdomo, un saxofonista canario de profundo y melódico sonido.

Conoció a su amiga Claire de New York a través del chat de solistas del juego. Es hija de un chef admirador de Jack DeJohnette y mientras acaba sus estudios de bellas artes se conecta cada fin de semana a la “Liga mundial de Jazz”.

Albert es de Barcelona y estudia un ciclo de formación profesional de automoción. Es admirador de Tete Montoliu desde que su tío le regaló “Vampyria”, un disco de 1974 grabado junto al también pianista Jordi Sabatés.

Yeray y Albert tuvieron en el pasado fuertes discusiones sobre su forma de tocar el piano en la Liga. Albert es fiel al estilo de Tete y a Yeray le gusta más el martilleante y siempre sorprendente sonido de Thelonious Monk. Pero al comprobar una y otra vez que les daban un rotundo 10 en la rítmica al piano tuvo que tragarse sus palabras.

Para terminar la formulación del cuarteto, su amigo Brian, albañil de Manchester y admirador del contrabajista Scott Lafaro.

La final de “La Liga 2019” será mañana día 23 a las 23 horas. Más de 500 millones de espectadores de todos los lugares del planeta estarán delante de sus pantallas, presenciando el acontecimiento en rabioso directo entre el cuarteto de Yeray y el cuarteto de Akira, los actuales ganadores invictos por cuatro temporadas consecutivas.

El avatar de Akira tiene unos labios de acero porque comenzó tocando la trompeta en el juego y desarrolló esa habilidad, pero  su especialidad es el saxo alto y, para eso, sabe que tener buenos pulmones le va a ser de gran ayuda. Sabe manejar a su avatar con la maestría y delicadeza calculadas de Paul Desmond . Algo que siempre le ha reportado muchos puntos. Completan el cuarteto de Akira, la pianista Ana de Suecia, Robert el baterista de Portugal y Eddie el contrabajista de Cuba.

Esta noche han quedado en la Intranet de participantes del juego a las 9 para planificar el repertorio que tocarán en la gran final.

-Yeray: Albert qué te parece si por una vez me haces caso y hacemos algo de Thelonious.
-Albert: Lo siento tío ya sabes que soy fiel al estilismo de Tete, para mi es lo más y no lo cambio por nada del mundo.
-Claire: Venga chicos concretemos ¿os parece que vayamos por sonidos de la época de New Orleans? Ahí les barreremos en swing.
-Brian: Molaría pero como sabes hoy a la gente le va más el sonido electrónico.
-Yeray: Por ahí no paso, la formula acústica revelará mejor nuestro mensaje.
-Albert: Por una vez estoy de acuerdo con Yeray ,sin que sirva de precedente.

Y así continuaron decidiendo…llegaron las once de la noche y ya estaban sus avatares preparados con los mejores instrumentos. Su saldo de puntos estaba a cero. Habían hecho un derroche, quizá innecesario, pero había que arriesgar para ganar.

Las redes sociales estaban ardiendo, expectantes por la sesión de jazz que estaba a punto de tener lugar. La gran final.

Da comienzo la actuación del cuarteto de Akira. Ana da entrada al tema con su piano exponiendo con un lirismo espectacular mientras le acompaña Robert con las escobillas, resaltando el diálogo con el bajo de Eddie. Eddie siempre ha sido el engranaje de precisión matemática que daba coherencia a la banda. Pero no es tan sólo precisión, cuando Akira desarrolla el sonido de su saxo se produce un flujo de magia con el sonido de sus compañeros y el público desparrama likes,  retwits, fotos y cualquier mensaje posible se progaga más deprisa que un virus por la red. El público demuestra estar pletórico de satisfacción por la actuación que no llega a 10 minutos de duración. 10 minutos de delicatessen.

La puntuación no aparecerá en pantalla hasta que termine el cuarteto de Yeray.

Se hace una pausa de cinco minutos y a la vuelta ya está todo dispuesto.

Empieza Yeray directamente con la melodía. ¡No puede ser!, deja a todos los aficionados boquiabiertos pues lo habitual es empezar con una introducción y no con el “head” principal del tema.

Su intervención fuerza a Albert a no demorarse ni un segundo en el acompañamiento al piano y no se lo piensa dos veces. Para asombro de Yeray, Albert despliega una combinación de acordes con matices de Bill Evans y Mc Voy Tiner, pero sobre todo le recuerda a una interpretación de Tete Montoliu en Andorra de 1990.

-¡Qué cabronazo! Piensa Yeray al terminar su fraseado, la verdad es que nadie toca como Albert.

Continuan con una sucesión de solos, comenzando por Claire que maneja las baquetas con virtuosismo y empieza un dialogo con el bajo de Brian. Parece que va a arrancar las cuerdas. La velocidad y el ritmo son tales que todo está a punto de echarse a perder pero consiguen una coherencia inusual.

Hacen un puente para enlazar con el “Head out” que les lleva de vuelta a la melodía de Yeray. Realiza una progresión armónica que recuerda a los mejores tiempos de Cannonball.
En la coda final buscan una salida y vaya si la encuentran. Acaba la interpretación con una sensación de naturalidad pasmosa.

De nuevo likes,  retwits,  y  mensajes que colapsan las redes por unos instantes.

Todos saben que con la tecnología actual la puntuación no tardará en salir tras la actuación y, por fin, podremos despejar la incógnita del ganador.

De repente, las pantallas de los aproximadamente quinientos millones de espectadores que estaban siguiendo el evento pasan a negro.

-¿Qué ha sucedido?, se pregunta Yeray mientras se queda mirando su ordenador en la soledad y silencio de su habitación.

Decide esperar un poco pero todo sigue igual, así que se plantea por unos segundos llamar por teléfono a su amigo Brian.

Ha transcurrido sólo un minuto desde el apagón, pero se le han hecho los 60 segundos más largos de su vida.

En las pantallas de todo el mundo la distribuidora del juego ha puesto el siguiente mensaje: “Disculpen las molestias pero hemos tenido un apagón de red generalizado y hemos perdido todos los datos de la final. No podemos dar las puntuaciones”

Mientras tanto, en una vivienda del barrio madrileño de Moratalaz una adolescente está sentada delante de su SmartTV en el sofá, junto a su abuela.
-Abuela ¡vaya chasco! ¿van a volver a repetir la gran final?

Su abuela, avezada aficionada al jazz desde los tiempos en que los músicos americanos Bud Powell y Dexter Gordon se afincaron en París le contesta:

-Mi niña, ¿acaso no sabes que toda actuación de buen jazz tiene algo tan especial que es irrepetible? Aunque sean los mismos músicos, con los mismos instrumentos y tocando los mismos temas.

-¿Y que es eso tan especial?

-No se puede explicar con palabras. Sabrás que ha llegado ese momento cuando sientas que lo que está sucediendo en el escenario nadie lo pueda hacer igual, ni siquiera los músicos.

Algún día lo entenderás.

Fin

 


© Texto: E. Moreno

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