Luis Martín: La comunicación del Jazz

Escritor de Jazz desde los 19 años. Ilusionado y emociado por la libertad creativa de este tipo de música, hoy hablamos de Jazz con Luis Martín, director artístico de JAZZMADRID.

PREGUNTA: ¿Cómo llegaste a especializarte en la música jazz?

RESPUESTA: Hace tantos años que ya casi, como el escritor aquel, ni siquiera quiero recordarlo.
Lo que sí sé es que fue un proceso lento, tuvo un desarrollo paulatino, y vino en producirse en la segunda mitad de la década de los años 70. Fue, fundamentalmente, a través de la radio, con Paco Montes sobre todo; el resto de comentaristas nunca me interesó. Eran, en general, gente a la que le gustaba mucho más hablar de sí mismos que mostrar la música en sí. Y ahora que menciono la música, la que a mí me interesaba en particular entonces, la música con la que crecí, era, esencialmente, folk y; también, por una cuestión generacional, rock. Después, como digo, empezaron a llegarme aquellas experiencias eléctricas de Chick Corea con la Return to Forever, que hoy me parecen en general horribles, y, poco a poco, Jim Hall, Joe Pass, Miles Davis, Thelonious Monk, Ellington.. Con todos ellos, descubrí un sistema galáctico nuevo, con una cultura que me hacía pensar. Desde aquel mismo momento, supe que, en adelante, seguiría haciéndolo, llenaría mi cabeza de música, de ilusiones, de emociones.. Y así fue como, con solo 19 años de edad, ya estaba escribiendo sobre jazz -muy tímidamente, eso sí- en diversas revistas de música pop del momento. Más tarde llegaron las confrontaciones intelectuales con otros compañeros de los que aprendí mucho. Y, con ellas, la confirmación de que no era un sueño pasajero. Xabier Rekalde y Javier de Cambra sobre todo fueron probablemente los periodistas de los que más aprendí. Con este último, no me llevaba bien personalmente, pero eso no significa que no mantenga, a fecha de hoy, que era una de las personas que más sabía de jazz que yo haya conocido.

P: ¿Cómo prefieres que se te reconozca en tu profesión, periodista, crítico, divulgador,
programador de festivales…?

R: Como cada uno prefiera. Es algo que dejo a gusto de consumidor. En el origen, fue el periodismo, esto es cierto. La programación de festivales solo es una consecuencia de todo lo demás. Algún día había que materializar las formulaciones teóricas que elaboraba en los periódicos, en las radios… Y ese día llegó hace también mucho tiempo. Treinta años aproximadamente.

P: ¿Qué es lo que más feliz te hace de la música de jazz?

R: Saber que estoy ante una música que mañana no sonará igual. Es tan libre la música de jazz que puede que, en disco incluso, lo que hoy escucho, mañana tampoco me suene igual. La libertad creativa es emocionante. A menudo digo que el jazz se crea muchas veces en peligro, con el artista apostado al borde del precipicio.

Y, a veces, vuela…

P: ¿Que valores artísticos y culturales tiene la música jazz?

R: Los artísticos los acabo de exponer. Los valores culturales se aprecian cuando se adquiere consciencia de que ésta es la música de un pueblo que vivió enormes dificultades para desarrollarse. El jazz partió una vez de las costas de África, para viajar durante varios siglos en las bodegas de los barcos esclavistas, y conocer, finalmente, su forma definitiva al contacto con otras culturas en determinados puntos de la geografía estadounidense. Cada vez que acudimos a un concierto o escuchamos música de jazz a través de un disco o en la radio, en realidad asistimos a una sesión de confraternización cultural. Eso es emocionante. En este sentido, tengo que decir que soy, además, de los que creen que, sea cual sea la nacionalidad de origen, adquirir hoy carta de ciudadanía en la patria musical jazzística solo exige un requisito: no incurrir en el tópico de circunscribir exclusivamente a Estados Unidos entre su ámbito de influencia y actuación. Este asunto lo hicieron despegar hace más de cincuenta años John Coltrane y el trompetista Don Cherry, fijando su mirada lejos de Occidente. Y, desde entonces, este tema no solamente no se ha estancado, sino que, cada vez, está más extendido. Esa conexión es muy obvia a través de nuestras programaciones cuando pensamos en que por ellas ha pasado, entre otras, la música imaginaria del bajista Richard Bona desde Camerún; la de la banda de Mulatu Astatke desde Etiopía; la del pianista Tigran Hamasyan desde Armenia; la de Zakir Hussain desde India, o la de los laudistas Anouar Brahem y Rabih Abou Khalil, desde Túnez y Líbano respectivamente. Todos trabajan desde la libertad.

P: ¿Cómo se consigue mantener una postura de independencia respecto a intereses comerciales y a la vez programar eventos de jazz que necesitan de gran afluencia de público?

R: Programando para todos los públicos, pero siendo a la vez consciente de que el jazz suele visitar nuestras escenas acomodado a lo que el mercado y la industria del disco desea. De hecho, lo que escuchamos muchas veces solo es pop con pinceladas rítmicas y aspecto de jazz de diseño. Cuando esta música se disfruta, en cambio, sin todos estos disfraces, se descubre una realidad cultural muy diferente. Y tanto da si se trata de una propuesta de bebop renovado -el lenguaje dominante en esta música-, si es una muestra de jazz avanzado, o de jazz-flamenco, o jazz aliado con cualquier otra música popular del mundo. Sus valores -como digo- son diferentes a los de la lógica mercantil que impera en tantos y tantos festivales, hechos al dictado de lo que las discográficas desean. Cuando sabes todo esto y evitas tropezar con estos escollos, puedes programar para todos los públicos. Esa es la clave.

P: ¿ El jazz en general y en España en particular pasa por un buen momento?

R: Desconozco si, para el resto de iniciativas que se realizan en otros lugares del Estado español es un buen momento; sí lo es, en cambio, en Madrid. Y cada año más.
La importancia de la vida cultural -no solo jazzística- de Madrid se la da la valoración que, cada año, hace el Observatorio de la Cultura, concediendo a JAZZMADRID un lugar de honor entre las tres mejores actividades que la ciudad desarrolla cada año. Por lo demás, yo entiendo que esta importancia encuentra explicación en el hecho diferencial que nos distingue de otras muestras de similares características en el país.

“A menudo digo que el jazz se crea muchas veces en peligro, con el artista apostado al borde del precipicio.

Y, a veces, vuela…”

P: ¿Es inevitable que a un hecho cultural que alcanza una elevada calidad se le acabe poniendo la etiqueta de que es para “gente que sabe” o “exquisita” y termine espantando al público más popular?

R: No, en absoluto es inevitable si se hacen las cosas, tal como decía antes, para “todos los públicos”. Siempre comento que JAZZMADRID tiene una filosofía muy clara que identifica sus programaciones. Está cifrada en la elaboración de un muestrario jazzístico abierto, con todas las tendencias y coloraciones imaginables, renovadores y, por supuestos, clásicas. En estas programaciones se muestran talentos diferentes, se desvelan rincones no frecuentados por el mercado convencional, y se cuenta, además, lo que sucede en el jazz de cualquier lugar. Sus objetivos siguen puestos en cada edición en continuar reafirmando un espacio, seguir siendo una cita periódica con la música de jazz de cualquier lugar del mundo, haciéndola -y esta es la clave- comprensible y cercana. Para encontrar esta clave -como en cualquier labor humana que se realice- parece lógico conocer bien el material con el que se trabaja. del que están hechos los sueños con los que se trabaja,

P: ¿Nos recomiendas algún disco de un veterano del jazz y otro de la savia nueva?

R: Para los que opten por la veteranía, les sugiero que escuchen los conciertos sacros de Duke Ellington. Un pianista como Vijay Iyer es, para mí, uno de los paradigmas de la modernidad en el jazz. Cualquiera de sus discos sirven a lo que digo. Sin embargo, hay muchos más artistas. Y también en el ámbito de la veteranía por supuesto.

P: Para conocer tus gustos particulares te propongo un juego de balanzas. Si te decantas más por alguno de los siguientes:

¿Jazz bailable o jazz para disfrutar sentado?
¿Big band o pequeña formación?
¿Jazz pre bop o jazz post bop?
¿Jazz acústico o electrónico?

R: Con cierta edad, es ya prácticamente imposible mantener posiciones únicas. Es más o menos como aquello de las verdades absolutas. Para mí no existen. Cualquiera de las formulaciones que has planteado me interesan. Quizás, la única salvedad que haría sería la de la electrónica. Salvo Nils Petter Molvaer o Jon Hassell, que me parecen interesantísimos, el resto de músicos que han optado por esta vía no me interesa gran cosa.

P: ¿ Por dónde le dirías a un adolescente que empezara para que le entrara el gusanillo por el jazz?

R: Por los grandes. Las piezas sencillas de Armstrong, la rabiosa electricidad de las bandas de Miles Davis en los 70, la elegancia de Chet Baker…

P: ¿Desde la educación pública se debería explicar y difundir este tipo de música que forma parte de nuestra cultura?

R: Se debería explicar y difundir la música en general. Algo se hace con la mal llamada culta, pero es muy poco. En cuanto a la popular -y no me refiero solo al jazz-, se precisaría un impulso de gigantes. En cualquier caso, no me gusta ser osado y estos temas escapan a mis capacidades. No me considero un interlocutor válido. Yo me dedico, a fin de cuentas, a difundir el jazz a través de los medios de comunicación, y, en segundo lugar, a través de festivales. La educación oficial es otra cosa. Prefiero que de ello opinen personas versadas en el asunto.

Muchas gracias Luis y buena suerte.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s