La situación del Jazz en la actualidad

A modo de declaración de intenciones me gustaría que este artículo representara una esperanza para los amantes de esta maravillosa música. El lector podrá juzgar al final si se ha conseguido el objetivo o si , por el contrario, he apuntalado más su actual estado de depresión.

Las ideas sobre las que gravita este ensayo son el aperturismo de este género, el individualismo y el mercantilismo, elementos que, para bien o para mal, caracterizan nuestras sociedades.

Sin caer demasiado en la añoranza, el jazz ya no es lo que era y esto tiene unas causas lógicas perfectamente entendibles por sus aficionados. Como sabemos, su origen y creación se remonta a los negros americanos y se consolida con la absorción de sonidos de diferentes culturas. Como tal el jazz es un proceso musical abierto pero con unas características que le diferencian de otros géneros musicales.

Desde sus orígenes hasta aproximadamente los años 40 del siglo XX, cuando se data al llamado “jazz moderno” coincidiendo con la revolución sonora de los boppers (bop o bebop), siempre ha sido, eminentemente, una música fruto de un trabajo colectivo y aún hoy lo sigue siendo (está en su esencia). A partir del jazz moderno las formaciones empezaron a tocar ,de manera más extendida, en trios, cuartetos, quintetos o sextetos. Convivían también, aunque ya en menor medida, con las big bands.

Las sucesivas crisis económicas y los cambios de mentalidad habían debilitado y llevado a su total extinción a la gran mayoría de big bands, llegando hasta nuestros días, en los que no es habitual ver formaciones de jazz que superen el cuarteto.

El jazz tradicional o clásico no solo se caracterizaba por el colectivismo sino que invadía todos los espacios de la sociedad. Se cantaba y tocaba en los campos (work songs), por las calles (las bandas se encontraban y competían alegremente entre sí), en las iglesias y se escuchaba en los hogares desde el momento en que se pudo recoger su sonido en fonógrafos.

En nuestras sociedades actuales el jazz se ha visto reducido a festivales (especialmente en verano) y a algunos clubs privados. Las necesidades comerciales han conducido a que los organizadores de los festivales y los dueños de los clubs privados de jazz, que suelen ser amantes y grandes conocedores de este tipo de música, tengan que hacer concesiones para poder sobrevivir y dar entrada a otros estilos de música que, digámoslo claramente, no son jazz.

Al cartel de la mayoría de festivales acuden, además de las formaciones de jazz, otros grupos de música funk, soul y, en algunos casos, incluso música pop. Sin duda el carácter permeable y aperturista de la música jazz la impregna de diversas influencias que la enriquecen y son muy bienvenidas, al menos por el que esto escribe, pero ese argumento no invalida que afirmemos, con total rotundidad, de que en aras de la búsqueda de la rentabilidad comercial a los festivales de jazz inviten a grupos que no son de este género musical.

Adicionalmente vivimos en la era de las redes sociales y de la música en streaming, para los que bastan, para tener acceso a todo tipo de música, solo un servidor de Internet y diversas apps gratuitas . Esta facilidad de acceso indudablemente afecta a la manera, más individual y personal, de vivir el acto de escuchar y compartir la música, en detrimento de lo colectivo y de la calidad musical que no se puede equiparar al jazz en vivo.

En la época del vinilo y que ahora parece que retorna con fuerza ( aquí podemos ver un halo de esperanza) los aficionados al jazz se reunían y disfrutaban grupalmente de los discos de jazz de la época, que desprendían mágicamente los acordes con la ayuda de la aguja de sus reproductores.

Rememorando la película “El Libro de Eli” si alguna vez llegáramos a tal erial de destrucción podemos esperar que alguien salvaría, esta vez, en lugar de un libro, el último disco de jazz sobre la faz de la Tierra y a partir del cual hacer resurgir el terreno musical.

Cambiarán las formas de disfrutar y compartir el jazz que nos pueden gustar en mayor o menor medida, pero no hay duda de que siempre permanecerá entre nosotros porque el alma sobrevuela a cualquier catástrofe y si algo es el jazz es alma.


© Texto: E. Moreno

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